YO ME ENOJO, TU TE ENOJAS, NOSOTROS NOS PELEAMOS
El camino de las relaciones humanas tiene innumerables facetas. Cada ser humano es tan único, tan maravilloso y tan complejo, que hablar de este tema exige que tengamos sumo cuidado de no caer en generalizaciones. Sin embargo, las coincidencias que se nos presentan nos sorprenderían. Por lo tanto, podemos hablar de conflictos y reconocer elementos comunes. Y podemos mencionar a los estados de ánimo y ver también aspectos comunes, como el pesimismo o la tristeza, la alegría y el optimismo y de emociones, como el enojo, la rabia, la euforia. Yo no sé cómo usted se enoja. Pero sí puedo saber que cuando se enoja, su cuerpo se tensiona de una manera especial, se acelera su ritmo cardíaco, su respiración, su voz se altera, el gesto de su cara se vuelve tenso. Comienza a decir cosas sin que usted pueda controlarlas, y cuando le responden, explota!!!
El enojo es una de las principales fuentes de conflicto. Y en esta propuesta de analizar los conflictos en las relaciones humanas, vamos a analizar brevemente, por qué el enojo es tan destructivo para las relaciones. También vamos a ver cómo podemos revertir la situación y tratar de aprender de él, fortaleciendo una relación, en lugar de destruirla.
Decíamos en el Comunic@ndonos Nº5 que una de las principales causas de conflictos, suelen ser las diferentes interpretaciones que hay de los hechos. En estas interpretaciones forman parte esencial, las emociones. Y Así ocurre : Yo me enojo, tu te enojas, nosotros nos peleamos. Y en esa pelea, todos salimos perdiendo.
Cuando sucede un acontecimiento, éste detona en nosotros una interpretación, que está necesariamente ligada a una emoción. Sea por asociación de alguna circunstancia especial, sea porque aprendimos a reaccionar de esa manera ante un estímulo, o porque “habitualmente” respondemos de la misma forma frente a circunstancias similares, la cuestión es que ante algo que pasa, nos detona el enojo. Como una explosión repentina. Y va asociado a una interpretación negativa del acontecimiento. Esto puede ser algo que dice otra persona, algo que ocurre en nuestro lugar de trabajo, algo que hizo nuestr@ hij@, etc. Siempre hay una persona, una acción de otra persona asociada (hoy no vamos a hablar del enojo hacia un@ mism@).
Cuando esto ocurre lo primero que se resiente es nuestra comunicación con los demás. Ella se tiñe con esta emoción y esta interpretación. De nuestra boca solo pueden salir palabras descontroladas, y casi tan grave como eso, comenzamos a escuchar de manera descontrolada.¿Qué significa esto? Que filtramos lo que se nos dice. No estamos escuchando lo que se dice. Solo escuchamos nuestro enojo. En muchos casos nos cerramos y dejamos de hablar con la otra persona. Pero la conversación interna, con nosotros mismos, tiene esta misma característica.
Hay un fenómeno que ocurre: en general - y más aún cuando hay enojo-, tendemos a recoger sólo las evidencias que se nos amoldan a nuestra perspectiva .Seleccionamos solo aquello con lo que acordamos. Si está de acuerdo con nuestras interpretaciones, lo seleccionamos. Aquello que no se amolda a lo que nosotros pensamos solemos descartarlo. Cuando el enojo está de por medio, seleccionamos lo que fomenta nuestro enojo. Y descartamos aquello que lo podría atemperar un poco. Al decir de Fisher(*) “tamizamos en tres niveles: Recordamos selectivamente lo que queremos recordar, rescatamos selectivamente de la memoria lo que recordamos y revisamos nuestros recuerdos para adecuarlos a nuestras preferencias”. El resultado, nefasto: “!Me dijiste que estaba fea!”. – NO, te dije que esa ropa te quedaba fea” Y fíjense qué pelea puede surgir de algo tan pequeño como esto!
En la medida que nuestras interpretaciones de lo que se dijo o de lo que ocurre en este momento estén distorsionadas, todo lo que sigue seguirá ese camino. Y tomará dimensiones aún mayores, en la medida que la emoción estalle.
¿Qué hacemos en ese caso? Si se pudiera, tomar distancia de la emoción, sería un gran paso. ¿Cómo? Si reconoce el primer síntoma físico del enojo: dolor de estómago, respiración acelerada, cierta transpiración en el cuerpo o las manos, o hasta dolor de cabeza, etc. trate de irse un segundito a un lugar tranquilo, donde no tenga que explotar diciendo cosas de las que se puede arrepentir después. Trate de respirar hondo unos minutos. Profundamente, dejando salir por la boca toda esa rabia- Si logra serenarse, frene también las conversaciones o los pensamientos que se cruzan por su cabeza a manera de borbotones. Esos son los pensamientos que distorsionan lo que está ocurriendo. Y obsérvese. Trate de calmarse y en ese estado trate de salir y entablar una conversación con la otra persona. Lo primero que usted necesita es no tener una interpretación distorsionada, por lo cual trate de recavar la mayor cantidad de informaciones de la otra persona. Preguntar y preguntar. Hasta ver qué pasa realmente con ella. Saber sus interpretaciones. Y por sobre todo, reconocer que la otra persona también puede estar enojada. NO reacciones usted al enojo del otro. Es fundamental reconocer cuál es el estado de ánimo, cuáles son los sentimientos de la otra persona. Reconocerlo y darle un espacio. NO porque lo compartamos. Pero en la medida que lo comprendamos, la otra persona también se serenará. No se pondrá a la defensiva y no atacará como si fuese una batalla. Cuando la otra persona se sienta comprendida, su interpretación, su escucha, estará más preparada para compartir lo que nos está pasando a nosotros y hasta comprendernos.
En una conversación madura, donde ambas personas puedan manifestar sus sentimientos, acordar en lo que interpretamos de cada cosa, respetando los puntos de vista diferentes. Si logramos evitar los juicios u opiniones apresurados, el enojo no explota. Solo se transforma y brinda la posibilidad de una charla adulta.
No es una cuestión sencilla, seguramente. Y podríamos hablar muchísimo más del enojo y de los conflictos en la comunicación. Lo haremos en otras oportunidades. Y como siempre l@ dejo pensando en algo ¿Logra reconocer cómo está su cuerpo cuando se enoja? ¿Hay algo que l@ enoje habitualmente? ¿Logra identificar si hay algo que cuando ocurre, automáticamente l@ enoja?
Aprender de nuestros mecanismos internos, de cuando nos enojamos, es una manera de comenzar a no enojarnos tanto! O de no destruirnos a nosotr@s mism@s y a l@s demás cuando estallamos de rabia en las relaciones que nos importan.
Hasta el próximo Comunic@ndonos.
(Cita de Roger Fisher: Más Allá de Maquiavelo. Herramientas para afrontar conflictos. Ed. Granica.)