DE LOS CONFLICTOS PERSONALES A LAS GRANDES GUERRAS
Alguna vez se puso a pensar qué son los conflictos. ¿En este momento cuál es el conflicto que se le presenta en su mente? El primero que se le cruza. ¿Hoy se peleó con su hij@, su marido le contestó mal, su señora se enojó con usted? ¿Su jefe lo trató mal, un empleado no hizo lo que usted le pidió? ¿O se le presenta en su mente la guerra entre Irán y Líbano, o el conflicto de la tapa del diario de hoy?
Todos ellos son diferentes tipos de conflictos. En distintos niveles, todos son producto de una confrontación entre dos posiciones diferentes. Son, o bien una tensión, una lucha o una pelea entre dos partes (o más), que pueden tener un igual o desparejo nivel de violencia. Puede haber conflicto sin violencia, pero no violencia sin conflicto. Aún cuando éste sea interno, de una sola de las partes. Esto es, que no se manifiesta violencia así porque sí, sin estar atravesando un conflicto interno muy fuerte.
Pero, se puso a pensar que lo que hay en común en los conflictos es que todos son producto de interpretaciones diferentes. En cada conflicto está en juego la interpretación sobre un mismo acontecimiento. Y ésta puede confrontar a las personas, o hasta a los estados en tal punto, que se puede llegar a las guerras.
Las expectativas respecto de algún hecho, la interpretación respecto a un tema, a un objeto, a una opinión son capaces de generar conflictos que en la vida de una persona pueden significar una ruptura con algún ser querido, un cambio en el trabajo, y en los países puede significar un conflicto armado.
En todos ellos, la matriz fundamental es la comunicación y la forma en que ella se establezca. Y, una parte esencial, es el componente emocional. La forma en que vivamos los estados de ánimo, nuestras emociones, nuestros sentimientos y la forma en la que nos comuniquemos va a lograr la diferencia en cómo resolvamos nuestros conflictos.
Y la manera en la que logremos resolver nuestros conflictos va a hacer la diferencia en nuestras vidas.
Es por ello fundamental saber e internalizar la idea de que los conflictos nacen en la mente de las personas, en su comunicación, en la forma en la que cada un@ aprenda a resolver sus propios conflictos con un@ mism@.
Tod@s enfrentamos el desafío de la convivencia, en familia, en sociedad, en relación. Tod@s enfrentamos conflictos a lo largo de nuestras vidas. Aprender a resolver las diferencias, a comunicar nuestros intereses sin violencia o sin destruirnos en un conflicto, vivir junt@s aprendiendo a comunicarnos, son parte de los grandes desafíos de la época actual.
¿Cómo lo hacemos? Aprendiendo a respetar nuestras interpretaciones de las cosas, aún cuando sean diferentes. Saber que ellas corresponden a otra persona, a la que debemos respetar como tal, en su dignidad, en su integridad. Aún cuando no compartamos estas interpretaciones, compartimos el ser humanos, compartimos emociones, sentimientos. Y siempre hay posibilidades de encontrar puntos de encuentro. Y aún cuando estos no se hallen, existe la posibilidad de aprender a convivir a pesar de los intereses opuestos. Esto que parece una utopía no lo es. Solo tiene que haber una decisión. Basta una decisión para que el conflicto no estalle de manera violenta o destructiva.
En los próximos Comunic@ndonos lo vamos a ir analizando. Hoy sólo le dejo pensando una pregunta: ¿Cómo resuelve usted sus conflictos? ¿Qué emociones están en juego cuando tiene un conflicto?¿Qué hace con ellas? ¿Cómo se trata usted mism@ cuando está enojad@ por algo?
Siempre está la posibilidad de transformar un conflicto en un gran aprendizaje de vida.
Hasta la próxima!